El Post-modernismo

 ¿Han visto algo más kitch que tres mil weones corriendo en pelotas por el parque forestal, con un frío que calaba los huesos, para sacarse una foto?  Eso es la esencia del postmodernismo, donde pareciera que no hay límites, se cuestiona el orden establecido, la estabilidad y la claridad, reina el caos, la ambigüedad, la indeterminación; la racionalidad da paso a la sensibilidad; desaparecen las diferencias sociales,  clases, edad, formación, etc. Son todos uno sólo en ese momento, pareciendo decir éste es el Chile de hoy, de acá en adelante esperen cualquier cosa, ahora somos auténticos y hacemos lo que nos parece adecuado en el momento que así lo estimamos.

 

De ahí en adelante pareciera que para muchos esto no pasó de ser un hecho divertido, digno de ser considerado en el anecdotario nacional; pero estaban equivocados, este era un cambio que llegaba para quedarse, digno de las sociedades mas avanzadas. Es que Chile, en muchos aspectos, es una sociedad avanzada que camina, como aquellos condenados que solíamos ver en los comics, con una bola de acero atada a sus tobillos.

 

Vivimos tiempos de incertidumbre, inseguridad, individualismo, nos reconocemos como únicos, con derecho a ser auténticos en el lugar que estemos, a actuar en consecuencia, sin complejos, formamos comunidades con desconocidos por el sólo hecho de reconocernos en algún aspecto común, favorecido por la masificación de la comunicación en la red, pero, aunque esto pareciera una paradoja, nos hemos convertido en una sociedad más tolerante y donde la intolerancia comienza a ser socialmente condenada.

 

Los jóvenes han transitado de la generación del “no estoy ni ahí”, a la generación del “soy así… ¿y?”, o como lo decía un spot de una reconocida marca deportiva “soy el que soy”.

 

En esta sociedad, para bien o para mal, los cambios son radicales y a una velocidad vertiginosa,

tanto en lo social, como en lo político, económico y cultural.

 

Cada persona puede y actúa desde distintos ámbitos con convicción y honestidad, puede pararse en distintos escenarios y actuar de forma que a la vista parecieran contradictorios sin sentirse inconsecuente. Es que para los tiempos actuales, en realidad, no lo es. Lo que para muchos puede ser relativismo, para la mayoría es honestidad y consecuencia. El ciudadano de hoy no consume lo que le ofrecen, sino lo quiere o estima que necesita, es mas exigente e informado, donde la demanda es individual, por tanto la oferta también tiene que serlo. Los productos son cotizados por su valor de uso y no su valor de transacción.

 

En el post-modernismo se exacerba el egoísmo, porque cada persona es más importante que la otra, los grandes relatos del modernismo se han acabado, las utopías se han derrumbado y si bien “ yo puedo influir en el mundo, no me es posible cambiarlo, por lo tanto disfrutémoslo y seamos felices”. El sentido comunitario se desvanece en la noche de los tiempos, la singularidad cobra cada día mas fuerza. En la red formamos comunidades por intereses particulares, pero ni siquiera es necesario conocernos.

 

El principal obstáculo para definir el post-modernismo, proviene justamente del mismo, porque es eso precisamente lo que falta en esta era: un sistema, una totalidad, un orden, una unidad, en definitiva coherencia.

 

La inestabilidad, la paradoja, la incertidumbre  son la esencia del post-modernismo. Desde esta nueva realidad han de construirse las nuevas relaciones sociales y estructuras de poder.

 

Esto explica no sólo la apatía de los estudiantes y el alto nivel de deserción escolar, pues sus inquietudes no están siendo satisfechas con un sistema tan estructurado, con poco espacio para la iniciativa personal, sino también la violencia en los colegios y entre los jóvenes, básicamente por que no están siendo educados para relacionarse en esta nueva estructura social.

 

Este es el Chile de hoy.

 

 

 

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